martes 17 de junio de 2008

Entrevista con Georg Hólm, bajista de Sigur Rós


¿Por qué trabajaron en el nuevo video y en el arte del disco con el fotógrafo norteamericano Ryan Mcginley?

El principio de la historia fue cuando estábamos terminando el disco y teníamos que pensar rápidamente en el arte del la portada. Creo que en ese entonces Ryan le tomó unas fotografías a Jónsi e intercambiaron correos, y el fotógrafo lo invitó a un evento. A Jónsi le gustaron sus fotos y de inmediato empezamos a experimentar con ellas. Así surgió la portada del disco, una larga historia resumida en pocas palabras.
El arte del album estaba listo y teníamos que trabajar en el video, pero teníamos que hacerlo rápido, básicamente en un fin de semana. Algunos directores nos enviaron sus ideas y algunas de ellas encajaban con lo que queríamos. Así que llamamos a Stefan Arnie, el director que nos había creado algunos videos, como el de Vidrar Vel Til Loftarasa, y le planteamos la idea de crear un audiovisual que expresara exactamente la atmósfera generada por las fotografías de Mcginley. Fue sólo eso.

¿Cuánto demoraron en producir el nuevo disco?
Creo que si cuentas todos los días, desde finales del año pasado, que fue el momento en que empezamos a escribirlo, hasta que terminamos de grabarlo, no pasaron más de dos meses.

¿Por qué grabarlo en un tiempo tan corto?
Cuando tuvimos la idea de crear un nuevo disco acordamos hacerlo lo más pronto posible. Sólo queríamos sacar todo muy rápido, para ver qué sucedía. No queríamos enfocarnos en detalles durante mucho tiempo, sólo terminarlo.

¿Qué podemos esperar para este nuevo disco, porque en su primer sencillo, Gobbledigook, se escucha un ritmo más veloz que el que nos tienen acostumbrado, además se escuchan ciertos ritmos folk que no habían empleado?
Creo que esa canción es un poco distinta al resto del álbum, y sin embargo, comparte una actitud con los demás temas. Es cierto que suena muy diferente a cualquier cosa que habíamos hecho antes pero amamos la canción desde que surgió. Definitivamente el disco tiene canciones más rápidas que las que habíamos hecho antes. Creo que es bastante energético y está divido en dos partes, y la segunda es un poco más lenta que la primera. En realidad es un disco divertido, porque nos divertimos mucho mientras lo escribíamos y grabábamos.

¿Por qué cambiar la línea de sus videos, de ancianos haciendo travesuras como si fueran niños, niños aprendiendo a volar o cumpliendo sus sueños, a jóvenes desnudos corriendo en el bosque?
No es bueno estar estancado siempre en el mismo lugar, y jamás hemos querido hacer videos que se parezcan. Creo que la atmósfera del video encierra en cierta forma la intención del disco. Es un video... libre.

¿Cuál ha sido la reacción de los fanáticos y los medios de comunicación con este video, porque no resulta muy común ver desnudos en un videoclip, alguien no lo ha interpretado como libertad?
Nosotros asumimos que sería censurado, y que lo tendríamos que transmitir por un medio distinto a YouTube. Es un asunto muy ridículo porque en YouTube puedes ver a gente cayéndose de las escaleras y rompiéndose los pies y los brazos, gente peléandose y golpeándose, ¿pero no está bien ver penes y senos? Se me hace estúpido. Es la cosa más natural del mundo, fue como nacimos y es como realmente somos. Además, el video no tiene contenido sexual, ni siquiera en un tono ligero, es sólo una atmósfera. En realidad yo lo encuentro divertido, es sólo gente.
Sé que hay opiniones encontradas, obviamente, porque es nudismo, como tu lo dijiste, no es algo común. Creo que tiene exactamente lo que queríamos expresar. La gente lo amará o lo odiará, creo que eso es bueno. Nosotros no hacemos música para complacer a los fans, la hacemos porque nos gusta y porque es algo creativo. Es obvio que cuando creas tu quinto álbum no harás felices a todos.

¿Crees que Sigur Rós forma parte del mainstream, o crees que surgieron sin la intención de ser parte de él y fueron arrastrados?
Es una pregunta difícil. Creo que nunca hemos intentado formar parte o no de él. Pienso que nosotros hacemos música y obviamente queremos que la gente la escuche y queremos que compren nuestros discos, pero lo que no hacemos es crear canciones que a la gente le gusten aunque a nosotros no. Pero también creo que si vendes cierta cantidad de discos de alguna manera formas parte del mainstream, aunque nosotros seguimos haciendo todo justo como lo hacíamos desde el principio. En realidad nosotros no estamos interesados en ser mainstream o underground.
A veces no me gusta esa actitud, cuando la gente piensa 'esa banda ya no es lo mismo porque ahora gusta a muchos', eso se me hace aburrido, no tiene que ver con la música.

¿Cantar en hopelandic significa que la música no necesita de letras, sino de la voz como un instrumento más?
Nosotros ya no componemos en hopelandic.

Bueno, pero cuando lo hicieron ¿significó eso? Además, cantan en islandés y la mayoría de sus fanáticos no entienden las letras, lo que resulta lo mismo.
En nuestros canciones primero creamos la atmósfera y luego componemos letras que encajen con ella, así es que cuando las escuchas ya sabes a qué se refiere. Respecto a hopelandic hay un problema de malentendimiento y yo odio cantar en hopelandic, hopelandic no significa nada.

¿Crees entonces que las letras no son necesarias en la música?
Realmente depende del tipo de música, hay veces que es totalmente necesario.

¿Y en la música de Sigur Rós?
Creo que las letras son necesarias en nuestra música, definitivamente. Las escribimos en islandés, pero pienso que la gente da con el punto, entiende aunque no sepa el idioma. También hay muchos fans que buscan las letras y las traducen.

Su nuevo disco contiene una canción en inglés, ¿por qué?
Cuando lo estábamos grabando teníamos como 4 o 5 canciones en inglés, que tenían buenas letras, pero... fue difícil para nosotros expresarlas de la misma manera... y ¿por qué en inglés? nosotros pensamos 'por qué no', es sólo otra manera de expresar. Siempre habíamos intentado hacer algo en inglés pero hasta este momento lo logramos.

¿Qué impresion has tenido sobre México, sinceramente?
Ha sido fantástico, realmente he amado estar aquí, es mi primera vez, y creo que no quiero irme.

¿Y el público mexicano?
El inicio de nuestra gira mundial fue en Guadalajara y fue impresionante, no esperábamos que la multitud respondiera como lo hizo. Fue muy bueno, porque estábamos un poco inseguros de si debíamos empezar nuestro tour aquí, y queríamos que todas las cosas salieran perfectas. Realmente fue bueno tener un show en el que la gente estaba tan receptiva.

viernes 28 de septiembre de 2007

La versión de Bolivia que no saldrá en Reforma

Siete horas abandonados en el desierto altiplánico de Bolivia, con plena incertidumbre sobre el futuro inmediato, debiera ser una experiencia atroz para el turista común. Sin embargo, hay un grupo de viajeros que buscan los contextos más complicados, que quieren entender al máximo la realidad de un país, y que tratan de evitar los tours estandarizados que sólo muestran el lado amable de la región; aunque el precio que deba pagarse sea costoso e inolvidable.
"Es el tren de la muerte, puedes pasar horas varado en el desierto, pero los paisajes que ves son únicos", comentó un turista australiano que había realizado la travesía; y fue la segunda parte de su frase la que nos movió del desierto de Atacama a Calama en Chile, pequeña ciudad minera cuya única virtud turística es estar cerca del desierto. De ahí partiríamos.
El tren de la incógnita realiza viajes de carga diariamente hacia la ciudad de Uyuni, en Bolivia, atravesando el famoso salar andino; pero sólo los miércoles a las 23:00 horas conecta un sencillo vagón para pasajeros.
El antiguo carro nos recibió con el augurio de un trayecto apto sólo para seres tan inertes como el cobre que diariamente se transporta por esas vías.
Las lámparas se apagaron y el lento andar de la máquina comenzó. La densa penumbra hizo que durmiéramos pronto, bien abrigados por las bajas temperaturas; pero no era el frío quien interrumpía nuestro encuentro con Morfeo, sino las constantes taquicardias provocadas por los más de 4 mil metros sobre el nivel del mar en nuestros inexperimentados corazones.
Dos días después masticaríamos la milagrosa hoja de coca, que soluciona todo desencuentro con las alturas.
Comenzó a amanecer y nuestros ojos se deslumbraron con una inmensa planicie rosa. A los pocos minutos arribamos a la frontera entre Chile y Bolivia.
"A partir de este momento no nos hacemos responsables por sus pertenencias", dijo el maquinista chileno, aunque el tono con que lo expresó parecía hacer alusión a nuestra integridad física.
De fondo, una inmensa nada con una montaña que sobrepasaba los 5 mil metros. Los únicos actores en escena eran los cadáveres de algunos vagones de madera, que yacían desgastados en una vía abandonada.
Fuimos conducidos a un pequeño cuarto con un escritorio, que durante una hora fungió como aduana boliviana. Un dólar fue la tarifa para ingresar a uno de los países que cuenta con los mejores paisajes del mundo.
A los pocos minutos desapareció la locomotora chilena, junto con el oficial boliviano, que después de un rato pareció nunca haber estado ahí.
Las horas pasaron y nuestro vagón permanecía quieto en el desierto. Algunos salían a caminar, pero volvían pronto porque no había mas que una inacabable llanura. Una paradójica sensación de estar atrapados en un lugar tan abierto y libre comenzó a invadirnos.
De pronto aparecía una señora y un niño, a veces pasaban motociclistas que atravesaban la cordillera emulando los diarios del Ché Guevara; pero se esfumaban tan rápido que bien pudieran haber sido un espejismo o una mala jugada de las escasas partículas de oxígeno.
En una esquina del vagón, con un halo de indiferencia, estaba sentado un italiano que llevaba cinco horas inmóvil perdiéndose en la contemplación del desierto.
Al saber que éramos dos mexicanos los que compartíamos la travesía con él, se acercó para comentarnos que conocía personalmente al sub comandante Marcos, que participó en una marcha anti-globalización en Guadalajara, y por eso lo detuvieron y torturaron durante tres días, luego lo deportaron por cinco años del País. Su verdadera congoja: tener una novia tapatía.
Llegó la hora de la comida y las latas de atún saciaban nuestro apetito a la vez que incrementaban nuestro estrés sobre la futura alimentación. ¿Qué sucedería si hubo una huelga de locomotoristas ese día? ¿Qué si la máquina se descompuso? ¿Qué si se olvidaron de nosotros? Justo cuando nuestra imaginación ideaba los más pesimistas escenarios apareció a lo lejos la salvadora locomotora boliviana, y con ella el propósito de nuestro viaje: atravesar el depósito de sal sólida más grande del mundo.
A los pocos kilómetros la tierra se tiñó de blanco, y lo único que podía apreciarse a lo lejos era un cerro flotante, y es que en un lugar tan atípico como este las ilusiones ópticas son cotidianas.
Un blanco más blanco que la nieve estaba ante nuestros ojos reflejando un intenso azul, lejano al azul cielo, más bien marino; y la redondez del planeta nos coqueteaba.
Kilómetros adelante terminaría la sal y el piso se tapizaría de musgos: suficiente nutrimento para las llamas y vicuñas, esos enormes animales que paseaban en hordas por el llano.
Donde el ganado andino se extinguía, comenzaban las aldeas bolivianas, en las que el tren se detenía constantemente a recoger pasaje. Las primeras nubes aparecían tímidamente reflejando el rojizo sol que estaba por ocultarse.
Finalmente, la oscuridad volvió y llegamos a la ciudad de Uyuni, desde la que comenzaría una travesía por uno de los países que más secretos guarda en Sudamérica.